11.02.07
Luigi Ferrajoli en México
Miguel Carbonell
El Universal. 2 de noviembre de 2007
Luigi Ferrajoli es uno de los téoricos del derecho más reconocidos e importantes de todo el mundo. Hace unos días recibió un doble homenaje por parte de dos instituciones educativas mexicanas del mayor nivel: el ITAM y la UNAM. El ITAM lo nombró “profesor distinguido”, título que equivale al doctorado honoris causa que dan otras instituciones. En la UNAM recibió el Premio Internacional Héctor Fix Zamudio, el más importante de su tipo que se entrega en el país.
La presencia de Luigi Ferrajoli es muy estimulante para el debate público mexicano, sobre todo para los estudiosos del derecho y de la política. En su conferencia en el ITAM se refirió a un tema del mayor interés para nuestra actualidad política mexicana: la laicidad del derecho y de la moral. La idea central de su intervención consistió en destacar la necesidad de separar la religión y la vida política, dando a las creencias religiosas su lugar dentro de la moral que cada persona tenga, pero sin que invada la esfera en la que la política toma decisiones que deben generar bienestar para todos, incluyendo a quienes profesan religiones minoritarias y a quienes no profesan ningún credo religioso. La libertad de profesar una religión debe ser defendida con tanta energía como la libertad frente a la religión, es decir, la libertad que tenemos todos para que la religión no se meta en cuestiones de incumbencia pública, las cuales deben basarse solamente en razones técnicas, científicas y democráticas, sin estar basadas en las creencias metafísicas que puedan profesar los gobernantes o quienes influyen en su actuación.
El Estado laico es una conquista de la modernidad y como tal debe ser defendido y preservado, sobre todo frente a los ataques fundamentalistas que buscan convertir ideologías religiosas (respetables en la vida privada de cada individuo) en políticas públicas. No podría ser más oportuna esta intervención de Ferrajoli para el debate que en México estamos teniendo sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y, en consecuencia, a autodeterminarse en materia de maternidad y de interrupción voluntaria de un embarazo.
En la UNAM Ferrajoli hizo referencia a la universalidad de los derechos fundamentales, es decir, al postulado de acuerdo con el cual todos los derechos fundamentales deben corresponder a todas las personas, sin que pueda prevalecer ningún tipo de discriminación y sin que las convicciones culturales —mayoritarias o de grupo— se sitúen por encima de los intereses vitales que esos derechos buscan preservar.
La universalidad de los derechos fundamentales o de los derechos humanos es lo que permite identificar a estos derechos como las “leyes del más débil”, según lo ha caracterizado con gran brillantez el propio Ferrajoli: del más débil dentro de un grupo social o cultural, del más débil dentro de la familia, del más débil cuando se comete un delito, del más débil en un proceso penal, del más débil en la ejecución de una pena privativa de la libertad y así sucesivamente.
Lejos de los discursos autoritarios que sostienen que los derechos humanos son un obstáculo para que se logren abatir los índices delictivos, Ferrajoli considera que la tutela para todos (universal) de los derechos que ya están reconocidos constitucionalmente sería la mejor forma de alcanzar una sociedad más segura, preservando al mismo tiempo un espacio de libertad real para cada uno de nosotros y reduciendo el potencial de arbitrariedad que desde siempre han ejercido los poderes públicos cuando actúan de forma incontrolada.
Las dos intervenciones del ilustre profesor italiano deberían ser revisadas con cuidado por los defensores de derechos humanos de nuestro país, por los legisladores que deberán decidir en los próximos días una reforma penal que podría llegar a poner en riesgo algunos derechos fundamentales, y por los ministros de la Suprema Corte, que definen cotidianamente el alcance de nuestros derechos a expresarnos, a ser protegidos frente a detenciones arbitrarias, a votar y ser votados, a circular libremente por nuestras calles y carreteras, etcétera.
La libertad y la igualdad no son valores abstractos que se citan en actos académicos y en discursos políticos. Por el contrario, deberían ser realidades tangibles para cada uno de los habitantes de México. Hoy en día dichos valores cobran forma y se vuelven exigibles a través de nuestros catálogos de derechos humanos. Por eso es tan importante conocerlos y por eso es que debemos estar atentos a las grandes lecciones que, para su debida comprensión, nos ofrecen personajes de la estatura intelectual y moral de Luigi Ferrajoli.